Estas últimas semanas he tenido que lidiar con problemas que van más allá de mi nivel de madurez, ha sido muy angustioso (y eso que dejé las pastillas). He recorrido los salones de la ficción, de lo alucinatorio, de lo patológico, de lo romántico, de lo humillante, de lo verdadero. Todo ha sido muy rápido y no pude apreciar cada espacio en su complejidad. Sólo he podido vislumbrar cada uno, pero no conocerlos. Cuento con pocas armas ahora, ya que estoy sumamente expuesto y con frío. Ese flequillo que me dijeron me ocultaba como un pusilánime ha sido removido. Estoy mostrándome a la gente y no he tenido malos resultados. Al contrario, parece ser que la gente me encuentra agradable, sensación muy extraña, pero que me está tranquilizando. Ya no me siento tan cobarde, nunca me arrepiento de nada. Quizás mis armas fueron despojadas porque nadie merece pleitos, y así los busquen (eso es más que seguro), yo ya no deseo pelear. No después de ver, de lejitos nomás, el amor. Dudo que la racha dure, pero por ahora la disfrutaré. Además, aprendo rápido.
Fabián, el hijo de Paola, me ha deslumbrado totalmente, he podido llorar de felicidad después de mucho y, aunque es imposible, me ha gustado pensar que ha sacado cosas mías.
Fabián, el hijo de Paola, me ha deslumbrado totalmente, he podido llorar de felicidad después de mucho y, aunque es imposible, me ha gustado pensar que ha sacado cosas mías.