domingo

Bones

- Si te vas, yoOo te voy a extrañar mucho. Mucho.
- No lo dices en serio.
- Es muy serio. Es mas, ya te extraño de tan sólo verte ir al baño. Es más aún, te extraño teniéndote al frente. NoOo te vayas.
- Miralo de este modo: si me voy te escribiré todas las semanas. Y no me refiero a impersonales mails, Messenger, facebook, o esas nimiedades. Sino cartas de mi puño y letra. Las más hermosas del mundo.
- No es lo mismo. Prefiero tenerte cerca y que me digas hola y chao, a que me escribas la biblia entera. Me da coOolera pesar que te irás.


= O

sábado

PORK Co.

video

Experiment - Trailer Porkonoia (basado en el storyboard)

viernes

Paper Planes














Estas últimas semanas he tenido que lidiar con problemas que van más allá de mi nivel de madurez, ha sido muy angustioso (y eso que dejé las pastillas). He recorrido los salones de la ficción, de lo alucinatorio, de lo patológico, de lo romántico, de lo humillante, de lo verdadero. Todo ha sido muy rápido y no pude apreciar cada espacio en su complejidad. Sólo he podido vislumbrar cada uno, pero no conocerlos. Cuento con pocas armas ahora, ya que estoy sumamente expuesto y con frío. Ese flequillo que me dijeron me ocultaba como un pusilánime ha sido removido. Estoy mostrándome a la gente y no he tenido malos resultados. Al contrario, parece ser que la gente me encuentra agradable, sensación muy extraña, pero que me está tranquilizando. Ya no me siento tan cobarde, nunca me arrepiento de nada. Quizás mis armas fueron despojadas porque nadie merece pleitos, y así los busquen (eso es más que seguro), yo ya no deseo pelear. No después de ver, de lejitos nomás, el amor. Dudo que la racha dure, pero por ahora la disfrutaré. Además, aprendo rápido.

Fabián, el hijo de Paola, me ha deslumbrado totalmente, he podido llorar de felicidad después de mucho y, aunque es imposible, me ha gustado pensar que ha sacado cosas mías.

miércoles

Tarnation













"Carlos, la vida no es literatura. La literatura es fuego y tú te estás carbonizando".

Serio y angustiado, quise vivir la realidad nuevamente luego de escuchar esa inquisitoria sentencia. Así lo hice. Traté de despertarme temprano porque, en la vida real, el tiempo es oro. Traté de ir al gimnasio y hacer ejercicios cardiovasculares porque, en la vida real, tengo que fortalecer mi fallado corazón para responder mejor académicamente, evitar la ansiedad que esa anomalía produce y salvarme algunos años más de vida. Traté de estudiar bien mi libro de FCE porque, en la vida real, el conocimiento de un idioma me llevará a ser un profesional completo y, en lo sucesivo, me hará ganar más dinero. Traté de comer frutas y verduras porque, en la vida real, a la larga, eso va a evitar que las enfermedades actuales más macabras me ataquen, como siempre con facilidad, además de purificar mi piel y sangre, altamente intoxicadas ahora. Traté de ver todos los noticieros y comerciales que pueda porque, en la vida real, aunque el periodismo peruano no sea el más decente ni informativo y la publicidad carezca de contenido conceptual, como futuro comunicador debo conocer los mecanismos aplicativos que dinamizan su estructura y definen su estilo, estilo al que, tarde o temprano, me debo adaptar para ser un pop más. Traté de encontrar un trabajo de planilla porque, en la vida real, a pesar del deprimente sueldo no hay otra manera de tener seguridad financiera, seguro de vida o CTS, y sin eso sería altamente irresponsable e inmoral traer hijos al mundo. Traté de sonreir a todo el mundo así no lo merezcan porque, en la vida real, todo se trata de relaciones porque, quien sabe, algún día pueda beneficiarme de alguno de ellos.

Lo intenté, lo juro. Pero, derrotado, prefiero ser cenizas ficcionales. Prefiero las mentiras prefabricadas.

"No puedo evitar reinventar la realidad siempre, porque eso me sucede desde que tengo memoria. Ahora que lo pienso, nunca viví un momento de realidad". Cuando vi los Súper Campeones, me convertí en un súper campeón: y aunque nunca campeoné en nada, me amaron en la primaria gracias a mis divertidas maniobras imitando con infantil vehemencia al capitán Tsubasa y todos me querían en su equipo sólo por mi "tiro del halcón", espectáculo que demoraba no menos de treinta segundos, en los que recordaba a toda mi familia y a la niña que por entonces me gustaba. Cuando vi A Beautiful Mind, muy joven, salí de la sala de cine convertido en matemático y estudié la dinámica rectora (equilibrio) de John Nash, todo el año amé las matemáticas y fui el mejor de mi salón y, por momentos, logré alegrar a mi padre. Cuando descubrí a Truman Capote, me convertí en el mejor non-fiction novelista del mundo, me decidí por la narrativa y, en las reuniones, muchos esperan que cuente anécdotas y demás, y yo amo hacerlo. Cuando mi primo me prestó un disco de Dave Matthews Band, me convertí en guitarrista y me reencontré con la felicidad, conocí a mi compañera y amante, de curvas perfectas, que se llama Sylvia y nunca más pasé una noche solo hasta ahora. Cuando vi los montajes de Quentin Tarantino y Gus Van Sant, me convertí en una cámara; ahora mi percepción se basa en tomas cinematográficas y mis ojos son lentes teleobjetivos que sólo ven belleza y se sorprenden a cada rato por los detalles del mundo. Cuando mi abuelita me iba a visitar todos los días a la piscina donde entrenaba, me convertí en el mejor nadador de mi clase y superé el record de 12 vueltas olímpicas sólo porque ella estaba a mi lado flotando, con una pandereta, recitando un salmo que me producía la sensación más cercana a la paz, cuando aún creía en los milagros, a pesar de que todos me decían que ella había muerto años atrás. Cuando me pasaron un cuento de Mario Benedetti, me convertí en un ganzo feo, aunque esta realidad no tiene tanto de ficcional, y me puse a la espera de mi ganza fea, que también me espera para sumergirnos en la oscura noche y la crepuscular sinceridad, cualidad que, en nuestra grotesca desfachatez y repugnancia, nos hará los seres más bellos del mundo, porque creo que lo único que importa en esta vida de mierda y de mentiras es decir y hacer lo que nuestro corazón nos dice que hagamos, sin censura, pena o verguenza.

Cada vez me alimento de más mentiras, unas profundamente dolorosas y otras, como las de arrriba, que me hacen evolucionar. Estas mentiras me hacen una persona honesta. Algunas de ellas se pierden de la memoria, otras se degradan, otras simplemente sobreviven y se congifuran verdades. Yo no tengo la culpa de que cuando cada persona especial pasa por mi lado, una canción o melodía característica no deje de sonar hasta que se vaya, pues algunos tienen soundtracks o bandas sonoras que me hacen identificarlas y amarlas. Yo no tengo la culpa de que cuando converso con cada persona especial, espectore citas de libros o guiones de películas que amo, porque la situación, a modo de un inexorable deja vu, lo amerita. Yo no tengo la culpa de mirar a las personas con mucha intensidad, porque me concentro en cada espacio que componen sus figuras, realizando todos los planos posibles para aprender como son y quererlos como son. Yo no tengo la culpa de muchas cosas, porque simplemente suceden. Así que, por favor, no me jodan, porque no puedo evitarlo. Así soy yo siempre: alguien más. Ahora no sé que libro leeré, qué película veré, qué canción me bajaré, qué imagenes contemplaré o qué persona conoceré. Pero hay algo de lo cual estoy muy seguro...

Nadie ni nada pasa desapercibido.

 
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